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miércoles, 5 de enero de 2011

LOS REYES MAGOS EXISTEN!!!!



      (Desconozco el autor)


    "Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escuchar como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:


    -¿Papá?


    -Sí, hija, cuéntame.


    -Oye, quiero...que me digas la verdad.


    -Claro, hija. Siempre te la digo- respondió el padre un poco sorprendido.


    -Es que...- Titubeó Blanca.


    -Dime, hija, dime.


    -Papá, ¿existen los Reyes Magos?


    El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.


    -Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?


    La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:


    -¿Y tú qué crees hija?


    -Yo no sé papá, que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero como las niñas dicen eso...


    -Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos, pero...


    -¿Entonces, es verdad?- cortó la niña con los ojos humedecidos -¡Me habéis engañado!


    -No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen - Respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca.


    -Entonces no lo entiendo papá.


    -Siéntate Blanquita, y escucha esta  historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.


    Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:


    Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:


    -¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.


    -¡Oh, sí!- exclamó Gaspar- Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.


    Baltasar, el tercero de los Reyes que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:


    -Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón, y aunque somos Magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito...


    Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y su voz se escuchó en el Portal:


    -Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme:¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?


    -¡Oh! necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.


    -No os preocupéis por eso- dijo el Niño- .Yo os voy a dar, no uno, sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.


    -¡Sería fantástico! Pero ¿cómo es posible?- dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.


    -Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños?.


    -Sí, claro, eso es fundamental- asintieron los tres Reyes.


    -Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?


    -Sí, sí.  Eso es lo que exigiríamos a un paje- respondieron cada vez más entusiasmados los tres.


    -Pues, decidme, queridos Reyes: ¿Hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?


    
    Los tres reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que el Niño Jesús estaba planeando, cuando su voz de nuevo se volvió a oír:


    -Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contaran esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño, y recordarán que gracias a los tres Reyes Magos todos son más felices.


    Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:


    -Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.


    Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:


    -No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.


    Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, los tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos."


    SIEMPRE PODEMOS CONSEGUIR QUE LA "MAGIA" PERMANEZCA EN NUESTRO HOGAR...NO IMPORTA LA EDAD, IMPORTA EL CARIÑO, EL AMOR...Y LA ESPERANZA!!!!


    Mari Carmen.
   






    

martes, 4 de enero de 2011

EL SOL Y EL VIENTO



    (De León Tolstoi) Reflexión de Graciela Heger A.


    "El Sol y el Viento discutían sobre cuál de los dos era más fuerte.
    La discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder.
    Viendo que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas desarrollándolas contra él.


    -Vas a ver- dijo el Viento -como con sólo echarme sobre ese hombre, desgarro sus vestiduras.


    Y comenzó a soplar cuanto podía. Pero cuántos más esfuerzos hacía, el hombre más oprimía su capa, gruñendo contra el viento, y seguía caminando.


    El Viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre no se detuvo y más cerraba su capa.


    Comprendió el Viento que no era posible arrancarle la capa.


    Sonrió el Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se la puso sobre el hombro.


    -Ya ves- le dijo el Sol al Viento- como con la bondad se consigue más que con la violencia."


    Los seres humanos deberíamos pensar profundamente acerca de nuestras acciones. Utilizamos la violencia, la ironía, la agresividad, la sorna y la burla para tratar de lograr nuestros objetivos. Pero no nos damos cuenta de que, la mayoría de las veces, con esos métodos, son más difíciles de alcanzarlos.


    Siempre una sonrisa puede lograr mucho más que el más fuerte de los gritos. Y basta con ponerse un momento en el lugar de los demás para comprobarlo.


    ¿Preferimos una sonrisa o un insulto?...
    ¿Preferimos una caricia o una bofetada?...
    ¿Preferimos una palabra tierna o una sonrisa irónica?...


    Pensemos que los demás seguramente prefieren lo mismo que nosotros...Entonces tratemos a nuestros semejantes de la misma manera en la que nos gustaría ser tratados...Así veremos que todo será mejor...Que el mundo será mejor...Que la vida será mejor...


    ¿Somos Viento....o somos Sol....?


    Mari Carmen.

jueves, 18 de noviembre de 2010

LOS TRES FILTROS...


     LOS TRES FILTROS DE SÓCRATES


     Simple, concreto y para emplearlo a diario en todos los ámbitos...


     "En la antigua Grecia, Sócrates fue famoso por la práctica de su conocimiento, con alto respeto. Un día un conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:


     -¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?


     -Espera un minuto - replicó Sócrates - Antes de decirme cualquier cosa, querría que pasaras un pequeño examen. Es llamado el examen del triple filtro.


     -¿Triple filtro?


     Correcto, - continuó Sócrates - Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.


     El primer filtro es la verdad: ¿estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?


     -No, - dijo el hombre - realmente sólo escuché sobre eso y...


     -...Muy bien - dijo Sócrates - ¡Entonces no sabes si es cierto o no!


     Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad: ¿es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?


     -No, por el contrario...


     -Entonces, -continuó Sócrates - tú deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Tú puedes aún pasar el examen, porque queda un filtro; el filtro de la utilidad: ¿será útil para mí lo que vas a decirme de mi amigo?


     -No, realmente no.


     -Bien, - concluyó Sócrates - Si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil...¿por qué decírmelo?"


     Ojala aprendamos a usar ese triple filtro cuando nos lleguen esos "chismes" que aparecen sin más...y que no nos llevan a ninguna parte.


     Mari Carmen.




     


   

domingo, 14 de noviembre de 2010

CUENTO


     UN CUENTO DE AMISTAD   (Paulo Coelho)


    Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera.


    Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados.Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos tardan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición).


    La carretera era muy larga y colina arriba.
    El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.


    El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:


    -Buenos días.
    -Buenos días - respondió el guardián.
    -¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
    -Esto es el cielo.
    -¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
    -Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera.


    Y el guardián señaló la fuente.


    -Pero mi caballo y mi perro también tienen sed...
    -Lo siento mucho - Dijo el guardián - pero aquí no se permite la entrada a los animales.


    El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero.
   Posiblemente dormía.


    -Buenos días - dijo el caminante.
    -El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
    -Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.
    -Hay una fuente entre aquellas rocas - dijo el hombre, indicando el lugar -Podéis beber toda el agua como queráis.
    -El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.


    El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.


    -Podéis volver siempre que queráis -Le respondió éste.
    -A propósito ¿Cómo se llama este lugar? - preguntó el hombre.
    -EL CIELO.
    -¿El Cielo?
    -¿Sí?
    -Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello 
era el Cielo!
    -Aquello no era el Cielo. Era el Infierno -contestó el guardián.


    El caminante quedó perplejo.
    
    -¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! - advirtió el hombre.


    -¡De ninguna manera! - increpó el hombre - En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.
  


    Mari Carmen.


  

sábado, 4 de septiembre de 2010

PERSEVERANCIA


"RANAS EN LA CREMA" (Jorge Bucay)

"Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema. Inmediatamente sintieron que se hundían; era imposible nadar o flotar mucho tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente pero era inútil, sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar.
Una de ellas dijo en voz alta:
-No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. ya que voy a morir, no veo para que prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril.
Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente o quizás más tozuda, se dijo:
-Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora.
Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro.¡Horas y horas! Y de pronto...de tanto patalear y agitar, agitar y patalear...la crema se transformó en manteca. La rana sorprendida dio un salto y patinando llegó hasta el borde del pote y se salvó."

Quizá nunca debamos perder la esperanza a pesar de las circunstancias. Debemos luchar, caminar hacia adelante...Puede parecer tarea fácil, pero muchas veces, a muchas personas, les resulta difícil patalear y patalear hacia un futuro incierto...

Jose, en su enfermedad, fue como la segunda rana...Él chapoteó, pataleó, agitó...hasta el final, sabiendo que no tenía salida pensó como ella: No quería morir un segundo antes de que llegara su hora. días y días, semanas, meses...hasta el último suspiro. Sólo que él tuvo menos suerte que la rana y la crema esta vez no se transformó en manteca y terminó como la primera...

Todo el esfuerzo, toda la energía, toda la lucha la empleó para salir y salir sabiendo que se hundía...,pero gracias a esa "tozudez", sí, se hundió, pero FELIZ de haber conseguido trasmitir que podemos encontrar la "solución a nuestros problemas":
LUCHAR SIEMPRE "ACEPTANDO" CON ESPERANZA NUESTRO DESTINO...Aunque la solución no sea la que realmente queremos...

Mari Carmen.

sábado, 14 de agosto de 2010

DONDE PODER LLORAR...


(Desconozco el autor)

LA PARTE MÁS IMPORTANTE DEL CUERPO

Un día mi madre me preguntó cual era la parte más importante del cuerpo.
A través de los años, traté de buscar la respuesta correcta.
Cuando era más joven, pensé que el sonido era muy importante para nosotros, por eso dije:
-"Mis oídos, mamá".
-"No", me contestó mi madre, "muchas personas son sordas y se arreglan perfectamente".
-"Pero sigue pensando, te preguntará de nuevo".

Al cabo de unos años me preguntó otra vez, y para entonces yo creía haber encontrado la respuesta correcta. Así que le dije:
-"Mamá, la vista es muy importante para todos. Entonces deben ser nuestros ojos."
Con una sonrisa tolerante me dijo:
-"Estás aprendiendo rápidamente, pero la respuesta no es correcta porque hay muchas personas que son ciegas y salen adelante aún sin sus ojos."

Continué pensando. Mi madre me p`reguntó un par de veces más y, ante mis respuestas, la suya era.
-"No, pero te vuelves más inteligente con los años. Pronto acertarás".

El año pasado mi abuelo murió. Todos estábamos dolidos. Lloramos.Incluso mi padre lloró. Recuerdo esto porque fue la segunda vez que lo vi llorar.
Al momento de darle al abuelo el adiós final, mi madre me miró y me preguntó:
-"¿No sabes todavía cual es la parte más importante del cuerpo, hijo?".

Me asustó que me preguntara eso justo en ese momento, pues yo siempre había creído que se trataba de un juego entre mi madre y yo. pero ella, notando mi confusión, me dijo:
-"Esta pregunta es muy importante. A todas las respuestas que me diste en el pasado, te dije que estabas equivocado y por qué. Pero hoy es el día en que necesitas saberlo".

Rompió a llorar y la abracé. Entre sollozos y apoyada en mí, me dijo:
-"Hijo, la parte más importante del cuerpo es tu hombro."
- "¿Porque sostiene mi cabeza?", le pregunté.
-"No, hijo, porque puede sostener la cabeza de un ser amado o de un amigo cuando llora. Algún día de nuestras vidas todos necesitaremos un hombro para llorar. Yo sólo espero que tengas amor y amigos, y así siempre tendrás un hombro donde llorar cuando lo necesites...¡como yo ahora necesito el tuyo!".

¡Qué importante es tener ese hombro donde poder consolarte!

A lo largo de la vida lo necesitamos por motivos diferentes, por problemas que esta vida nos trae, por tristezas, por desengaños, por despedidas....

Dentro de cada ser humano hay una necesidad vital de sacar las cosas fuera, de tirarlas, cuando tienes la suerte de encontrar ese hombro donde descargar te llenas de serenidad. A veces no necesitas ni palabras de consuelo, lloras y lloras...y ese hombro amigo te va dando seguridad y sobre todo mucha paz en tu alma. Sabes que la persona que está a tu lado te comprende porque te quiere, te recibe porque le importas, y su hombro es como abrir su corazón solo para tí...

En los momentos de dolor, de rabia, de impotencia...¡qué poco se puede decir!, pero ¡cuánto puedes llegar a recibir!

Hay momentos en que tienes la necesidad de llorar sola, otras de llorar en silencio, otras de compartir tu dolor y tu pena...Y en esos instantes, aparece el hombro del "amigo"....Descargas toda tu pena, es verdad que la trasmites, que se contagia, pero...ese hombro que llega a tu lado está dispuesto a cargar junto a tí todo el dolor que sale del alma...

Es el hombro del AMOR, de la AMISTAD, de la COMPRENSIÓN, de la PAZ, de la SERENIDAD, es el hombro de la VIDA!!

Mari Carmen.


miércoles, 28 de julio de 2010

LA ISLA DE LAS EMOCIONES Y SENTIMIENTOS


(Cuento de Jorge Bucay) Se lo copié a una amiga bloguera, me encantó y quiero compartirlo. Gracias Isa por dejar que copie algo tan bello.


Hubo una vez, una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existen. Convivian por supuesto, el temor, la sabiduría, el amor, la angustia, la envidia, el odio...Todos estaban allí. A pesar de los roces naturales de la convivencia, la vida era sumamente tranquila e incluso previsible. A veces la Rutina hacia que el Aburrimiento se quedara dormido o el Impulso armaba algún escándalo, pero muchas veces la Constancia lograba aquietar el Descontento.

Un día, inesperadamente para todos los habitantes de la isla, el Conocimiento convocó una reunión. Cuando la Distracción se dio por enterada y la Pereza llegó al lugar de encuentro, todos estuvieron presentes. Entonces el Conocimiento dijo:
-Tengo una mala noticia que darles, la isla se hunde.
Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:
-¡No, cómo puede ser! ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre!
El Conocimiento repitió:
-La isla se hunde.
-¡Pero no puede ser! ¡Quizá estás equivocado!
-el Conocimiento casi nunca se equivoca
dijo la Conciencia dándose cuenta de la verdad.
-Si él dice que se hunde, debe ser porque se hunde.
-¿Pero qué vamos a hacer ahora?
Se preguntaron los demás. Entonces el Conocimiento contestó:
-Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla...Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella.
-¿No podrías ayudarnos?
Preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad.
-No-dijo el Conocimiento-la Previsión y yo hemos construido un avión y en cuanto termine de decirles esto volaremos hasta la isla más cercana.

Las emociones dijeron:
-¡No! ¡Pero, no! ¿Qué será de nosotras?
Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia y llevando de polizón al Miedo, que como no es tonto ya se había escondido en el motor, dejaron la isla. Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, un velero...Todas...salvo el Amor.

Porque el Amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:
-Dejar esta isla...después de todo lo que viví aquí...¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo?
Ahh...compartimos tantas cosas...

Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio para irse, el Amor se subió a cada árbol, olió cada rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos. Tocó cada piedra...y acarició cada rama...Al llegar a la playa, exactamente desde donde el sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el amor.

-Quizá la isla se hunda por un ratito...y después resurja...¿Por qué no?- Y se quedó días y días midiendo la altura de la marea para revisar si el proceso de hundimiento no era reversible...

La isla se hundía cada vez más...sin embargo el Amor no podía pensar en construir, porque estaba tan dolorido que solo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería. Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande y que aún cuando se hundiera un poco, siempre él podría refugiarse en la zona más alta...cualquier cosa era mejor que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él. Así que, una vez más, tocó piedrecitas de la orilla...y se arrastró por la arena...y otra vez se mojó los pies en la pequeña playa que antes fue enorme...

Luego, sin darse demasiado cuenta de su renuncia, caminó hacia la parte norte de la isla, que si bien no era la que más le gustaba, era la más elevada...

Y la isla se hundía cada día un poco más...y el Amor se refugiaba cada día en un espacio más pequeño...
-después de tantas cosas que pasamos juntos- le reprochó a la isla.

Hasta que, finalmente sólo quedó una minúscula porción de suelo firme, el resto había sido tapado completamente por el agua. Justo en ese momento el Amor se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no dejaba la isla, el amor desaparecería para siempre de la faz de la tierra...

Caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el Amor se dirigió a la bahía. Ya no había posibilidad de construirse una salida como la de todos, había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco ante sus ojos.

Desde allí podría ver pasar a sus compañeros en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguno de sus compañeros le comprendiera y le llevara.

Observando el mar, vio venir el barco de la Riqueza y le hizo señas. La Riqueza se acercó un poquito a la bahía.
-Riqueza, tú que tienes un barco tan grande, ¿no me llevarías hasta la isla vecina? Yo sufrí tanto la desaparición de esta isla que no pude fabricarme un bote...y la Riqueza le contestó:
Estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas, que no tengo lugar para tí, lo siento...-y siguió su camino sin mirar atrás.

El Amor siguió observando, y vio venir a la Vanidad en un barco hermoso, lleno de adornos y florecitas de todos los colores. Llamaba muchísimo la atención. El Amor se estiró un poco y gritó:
-¡Vanidad...Vanidad...llévame contigo!
La Vanidad miró al Amor y le dijo:
-Me encantaría llevarte, pero...¡Tienes un aspecto! ¡Estás tan desagradable! tan sucio y tan desaliñado, perdón pero creo que afearías mi barco- y se fue.

Y así el Amor pidió ayuda a cada una de las embarcaciones. A la Constancia, a la Sensualidad, a los Celos, a la Indignación y hasta al Odio. Y cuando pensó que ya nadie más pasaría, vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la Tristeza.

Tristeza, hermana-le dijo- tú que me conoces tanto, tú no me abandonarás aquí, eres tan sensible como yo...¿Me llevarás contigo?
Y la Tristeza le contestó:
-Yo te llevaría, te lo aseguro, pero estoy taaaan triste...que prefiero estar sola-y sin decir más, se alejó. Y el Amor, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a esas cosas que tanto amaba, él y la isla iban a hundirse en el mar hasta desaparecer. Entonces se sentó en el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final...

De pronto el Amor escuchó que alguien chistaba: -chst,chst,chst...

Era un desconocido viejito que le hacia señales desde un bote de remos. El Amor se sorprendió:
-¿A mí?-preguntó, llevándose una mano al pecho.
-Sí, sí-dijo el viejito-, a tí. Ven conmigo, súbete a mi bote y rema conmigo, yo te salvo. El Amor le miró y quiso darle explicaciones:
-Lo que pasó fue que yo me quedé...
-Entiendo-dijo el viejito sin dejarle terminar la frase-, sube.

El Amor subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla. No pasó mucho tiempo antes de ver como el último centímetro que quedaba a flote terminó de hundirse y la isla desaparecería para siempre.

Nunca volverá a existir una isla como esta-murmuró el Amor, quizá esperando que el viejito le contradijera y le diera alguna esperanza.
-No-dijo el viejo, cómo ésta, nunca.

Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor comprendió que seguía vivo. Se dio cuenta de que iba a seguir existiendo. Giró sobre sus pies para agradecerle al viejecito, pero éste, sin decir una palabra, se había marchado tan misteriosamente como había aparecido. Entonces, el Amor, muy intrigado, fue en busca de la Sabiduría para preguntarle.
-¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó...Nadie comprendía que me hubiera quedado sin embarcación, pero él me ayudó, él me salvó y yo ni siquiera se quien es...

La Sabiduría lo miró a los ojos un buen rato y dijo:

-Él es el único capaz de conseguir que el amor sobreviva cuando el dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir adelante. El único capaz de darle una nueva oportunidad al amor cuando parece extinguirse. El que te salvó, Amor, es el Tiempo.


Creo que el cuento merece la pena...tenéis lectura para varios días, pero espero que os guste. ( MI TIEMPO...., NECESITO MI TIEMPO....)
Mari Carmen.