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viernes, 14 de octubre de 2011

LAS MANOS

                      
  
                                      (DE INTERNET)


         Durante el siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nüremberg, vivía una familia con 18 niños.


        Para poder poner  pan en la mesa para tal prole, el padre, y jefe de familia, trabajaba casi 18 horas diarias en las minas de oro, y en cualquier otra cosa que se le presentara.


        A pesar de las condiciones tan pobres en que vivían, dos de los hijos de Albrecht Durer tenían un sueño: Ambos querían desarrollar su talento para el arte, pero bien sabían que su padre jamás podría enviar a ninguno de ellos a estudiar a la Academia.


        Después de muchas noches de conversaciones calladas entre los dos, llegaron a un acuerdo.


        Lanzarían al aire una moneda.
        El perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara. Al terminar sus estudios, el ganador pagaría entonces los estudios al que quedara en casa, con las ventas de sus obras, o como fuera necesario.


        Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Allbrecht Durer ganó y se fue a estudiar a Nüremberg.


        Albert comenzó entonces el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció por los próximos cuatro años para sufragar los estudios de su hermano, que desde el primer momento fue toda una sensación en la Academia.


        Los grabados de Albrecht, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mucho mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.


        Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durer se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albrecht se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, que tanto se había sacrificado para hacer sus estudios una realidad.


        Sus palabras finales fueron. "Y ahora, Albert hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a Nüremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de tí."


        Todos los ojos se volvieron llenos de expectativa hacia el rincón de la mesa que ocupaba Albert, quien tenía el rostro empapado de lágrimas, y movía de lado a lado la cabeza mientras murmuraba una y otra vez: "No...no...no...". Finalmente, Albert se puso de pie y secó sus lágrimas.


        Miró un momento a cada uno de aquellos seres queridos y se dirigió luego a su hermano, y poniendo su mano en la mejilla de aquel, le dijo suavemente: "No, hermano, no puedo ir a Nüremberg. es muy tarde para mí. Mira lo que cuatro años de trabajo en las minas han hecho a mis manos. Cada hueso de mis manos se ha roto al menos una vez y, últimamente la artritis en mi mano  derecha ha avanzado tanto que hasta me costó trabajo levantar la copa durante tu brindis...mucho menos podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano...para mí...ya es tarde."


        Más de 450 años han pasado desde ese día. Hoy en día los grabados, óleos, acuarelas, tallas y demás obras de Albrecht Durer pueden ser vistos en museos alrededor de todo el mundo. Pero seguramente usted, como la mayoría de las personas, sólo recuerden uno. Lo que es más, seguramente hasta tengan uno en su oficina o en su casa.


        Un día, para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Albert, Albrecht Durer dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente "Manos", pero el mundo entero abrió de inmediato su corazón a su obra de arte y se le cambió el nombre a la obra por el de "Manos que oran".


        La próxima vez que veas una copia de esta creación, mírala bien. Permite que sirva de recordatorio, si es que lo necesitas, ya que nadie, nunca, ¡TRIUNFA SOLO!.


     Mari Carmen.


        


         

jueves, 22 de septiembre de 2011

LO QUE SÍ ES EL VERDADERO AMOR...



    (Una reflexión de amor - De Internet)


      Un famoso maestro se encontró frente a un grupo de jóvenes que estaban en contra del matrimonio.


     Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando éste se apaga, en lugar de entrar a la hueca monotonía del matrimonio.


     El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente:


     "-Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana, mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto.


     Cayó.


     Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, rebasando, sin respetar los altos, condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido.


     Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. casi no lloró.


     Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas.


     Él pidió a mi hermano teólogo que le dijera donde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturó cómo y dónde estaría ella.


     Mi padre escuchaba con gran atención.
     De pronto pidió: -"llevenme al cementerio"-


     Papá -respondimos- ¡son las 11 de la noche, no podemos ir al cementerio ahora!- Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo:
     -"No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa durante 55 años"-


     Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador, con una linterna llegamos a la lápida.


     Mi padre la acarició, lloró y nos dijo a sus hijos que veíamos la escena conmovidos:


     -"Fueron 55 años, ¿saben?" Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así."-


     Hizo una pausa y se limpió la cara.


     -"Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis, cambio de empleo- continuó- hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos de ciudad, compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos, rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad y perdonamos nuestros errores...Hijos, ahora se ha ido y estoy contento. ¿Saben por qué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera...-


     -Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas.


     Lo abrazamos y él nos consoló_:


     -"Todo está bien hijos, podemos irnos a casa: ha sido un buen día."-


     ESA NOCHE ENTENDÍ LO QUE ES EL VERDADERO AMOR.


     Dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, más bien se vincula al trabajo y al cuidado que s eprofesan dos personas realmente comprometidas-.


     Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron debatirle. Ese tipo de AMOR era algo que no conocían.


     Mari Carmen.




     



lunes, 12 de septiembre de 2011

DESCUBRIR LO MEJOR DE UNO MISMO


                          (De Internet)


     Un día un joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.


     Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no observaban en él ni marcas ni rasguños.


     Sí, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto, todos, menos un anciano que se acercó y dijo:


     -Tu corazón no es ni siquiera aproximadamente tan hermoso como el mío-


     Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos, y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares alrededor. es más, había lugares con huecos donde faltaban trozos profundos.


     La gente se sobrecogió:


     -¿Cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?-


    El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír:


     -Debes estar bromeando- dijo -Compara tu corazón con el mío...El mío es perfecto, en cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor-


     -Es cierto- dijo el anciano- tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo...Mira, cada cicatriz representa una persona a la que entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron bordes irregulares, de los que me alegro porque me recuerdan el amor que hemos compartido. Hubo oportunidades en las que entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio...ahí quedaron huecos...-


    El joven y la multitud estaban muy conmovidos. El anciano continuó hablando:


     -Dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen por haber quedado abiertas, me recuerdan que sigo amando a ciertas personas, y alimentan la esperanza de que algún día, tal vez, regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón...¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente un corazón hermoso?-


     El joven permaneció en silencio, unas lágrimas humedecieron sus ojos...Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho, y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó pero no a la perfección porque no eran idénticas...y se notaban bordes irregulares...


     El joven, miró su corazón que ya no era perfecto, pero le hacía sentir mejor que antes porque el amor del anciano fluía en su interior...


Mari Carmen.






lunes, 5 de septiembre de 2011

LAS HUELLAS


                          (Desconozco el autor)


     "Una noche en sueños vi que el señor caminaba junto a la orilla del mar bajo hermosa luna plateada. Soñé que en los cielos veía toda mi vida representada en celestiales escenas que en silencio contemplaba.


     Dos pares de firmes huellas en la arena iban quedando, mientras con el señor íbamos cual amigos conversando. Miré atento hacia atrás esas huellas reflejadas en el suelo, pero algo extraño observé y me invadió gran desconsuelo.


     Observé que algunas veces al reparar en las huellas, en vez de ver los dos pares veía solo un par de ellas. Observaba también yo, que aquel solo par de huellas, se advertían mayormente  en mis noches sin estrellas, en los días de mi vida llenos de angustias y tristeza, cuando el alma necesita más consuelo y fortaleza.


     Pregunté triste al Señor:


     -¿Señor, tú nos has prometido que en horas de aflicción siempre a mi lado estarías dando muestras de tu amor? pero noto con tristeza que en medio de mis querellas, cuando más aflige el dolor, solo veo un par de huellas. ¿Dónde están las otras dos que indican tu compañía cuando las tempestades sin piedad azotan mi vida?-


     Y el señor me contestó con ternura y compasión.


     -Escucha bien hijo mío, comprendo tu confusión. Siempre te amé y te amaré, y en tus horas de dolor siempre a tu lado permanezco para mostrarte mi amor. Más, si en ocasiones ves solo dos huellas al caminar y no puedes ver las otras dos que se deberían reflejar, es que en tu hora afligida cuando flaquean tus pasos, no hay huellas de tus pisadas, porque te llevo en mis brazos."


     Mari Carmen.



lunes, 22 de agosto de 2011

AMOR DE ARENA


                      (Desconozco el autor)


        (Dos mujeres, madre e hija, caminaban por la playa...El viento del mar...El rumor de las olas...La arena tibia bajo sus pies descalzos...)


     -Mamá...


     -Dime hija...


     -Estoy enamorada...


     -Ya lo sabía...


     -Se llama Javier...


     -Lindo el nombre. Y también será lindo el joven si tú te has fijado en él...


     -Mamá, pero...tengo miedo...


     -El amor hace temblar, pero no da miedo...


     -Tengo miedo de que se vaya, que no me quiera como yo le quiero, que se canse de mí, que...mamá...


     -Dime hija...


     -¿Cómo se  hace para mantener un amor...?


     (La madre miró a su hija con ojos profundos, con esa sabiduría que da la felicidad conquistada.)


     -Buena pregunta...¿cómo hacer para mantener un amor...? Veamos, toma un poco de arena en tu mano...


     -¿De arena...?


     -Sí, de arena, y cierra el puño con fuerza...


     (La hija hizo lo que la madre le decía, y mientras más apretaba, más pronto la arena se escurría entre sus dedos)


     -Mamá...


     -Ahora, toma otro poco de arena y ponla sobre la palma abierta de tu mano. Así...ábrela del todo...


     (El viento sopló y se llevó la arena de sus manos)


     -Mira...con la mano abierta tampoco conseguí mantener la arena en mis manos...


     -Ven hija. Ahora vas a tomar otro poco de arena...y vas a dejar tu mano medio abierta, como si fuese un cuenco...Un poco cerrada para protegerla y un poco abierta para darle libertad...


     (La joven, vio entonces, que la arena no escapaba de sus manos, protegida del viento y protegida también de su ansiedad)


     -Así se hace para mantener un amor...


     Mari Carmen.


   


     

miércoles, 20 de abril de 2011

PAPEL ARRUGADO...


                              (Autor desconocido)


     "Cuando era niño, mi carácter impulsivo me hacía reventar en cólera a la menor provocación; la mayoría  de las veces, tras cada uno de estos incidentes, me sentía avergonzado. Ese sentimiento de culpa me hacía intentar arreglar el daño que había producido y me esforzaba por consolar a aquel a quien había gritado o herido.


     Cierto día, mi maestro vio uno de mis violentos ataques verbales repletos de pura ira; en cuanto terminó tan lamentable escena, me llevó al aula de tutores y me entregó una hoja de papel. Entonces me dijo: "Estrújala".


     Asombrado, obedecí e hice una bola con el folio. Cuando estuvo seguro de que yo había acabado, el maestro me dijo: "Ahora, deja el papel como estaba antes".



     Por supuesto, no pude dejarlo como estaba. Por más que traté, el papel quedó medio plano, pero todo lleno de pliegues y arrugas. Entonces, el profesor aprovechó esto para decirme: "Mira, el corazón de las personas es como este papel...La impresión que en ellos dejas, será tan difícil de borrar como estas arrugas que has hecho en el folio."


     Con tal sencillez y contundencia, el ejemplo objetivo y práctico que me puso, me sirvió para aprender una lección de la vida, de esas que son importantes de verdad: Comencé mi camino para ser más comprensivo y paciente con los demás. Cuando siento ganas de estallar, recuerdo ese papel arrugado..."


     El mal que dejamos a los demás es difícil  de borrar, siempre queda en el interior un pequeño recuerdo de dolor ante una situación de este tipo....


     Procurar aguantar "esos impulsos" nos llevará a una mejor comprensión y comunicación....Aún en posturas distintas, en opiniones diferentes, en maneras de pensar opuestas...la serenidad y el respeto deben ser nuestras armas.


     Alguien dijo: ""Habla cuando tus palabras sean tan suaves como el silencio."


     El corazón de los demás seguirá brillando y el nuestro estará lleno de amor para compartir...


    
     Mari Carmen.

viernes, 8 de abril de 2011

LA CAMISA MANCHADA



                   (Desconozco el autor)


     Un día después de clase entró Paco enojado a su casa. Su padre al verlo entrar, lo llamó para charlar. Antes que su padre hablara algo, Paco le dijo irritado:


     -"Papá, estoy con muchísima rabia y enojado con Joaquín".- Su padre, un hombre sencillo pero sabio, escuchaba a su hijo mientras seguía con su reclamo.


     -"Joaquín me humilló delante de mis amigos, me gustaría que le pasara algo malo."


     El padre escuchó callado mientras caminaba buscando una bolsa de carbón. Llevó la bolsa hasta el patio y le dijo a Paco:


     -"Hijo, quiero hacerte una propuesta. Imaginemos que aquella camisa blanca que está colgada es tu amigo Joaquín y que cada trozo de carbón es un pensamiento malo que tú le envías. Quiero que tires ese carbón en la camisa, dentro de un rato vuelvo para ver como quedó."


     Al niño le pareció un juego divertido. La camisa estaba colgada lejos y pocos trozos de carbón de los que tiraba Paco acertaban en el blanco. Al fin, el padre le preguntó:


     -"Hijo, ¿cómo estás ahora?


     Paco le contestó:


     -"Estoy cansado pero feliz, porque acerté muchos trozos de carbón en la camisa."


     El padre miró a su hijo, que no entendía la razón de aquel juego, y le dijo: 


     -Ven, quiero que veas una cosa".




     El hijo fue hasta el cuarto y se miró en un espejo. Se dio un susto, no se reconocía, solo conseguía ver sus dientes y ojos. Estaba todo ennegrecido y sucio. Su padre, entonces, le dijo:


     -"Viste que la camisa casi no se ensució...,pero fíjate en ti mismo. Las cosas malas que deseamos a otras personas son como los trozos de carbón.




     Aunque consigamos molestar a alguien, nosotros quedamos más manchados que aquellos. Cada cosa mala que hacemos, una grosería, una mentira, un insulto, una venganza, aunque nos haga sentir mejor, mancha nuestra alma y no nos hace mejores."


     Somos reflejo de nuestras acciones, es mejor actuar con prudencia, con humildad, con sinceridad...


     Nuestros actos se pueden convertir en deseos malos, por eso es mejor parase un poco, pensar...y actuar en beneficio de los demás porque al final será el nuestro propio.


     Mari Carmen.

viernes, 18 de marzo de 2011

AMOR INCONDICIONAL...


             "UNA SONRISA TRAS LA TAPIA" (Desconozco el autor)


     "Visitando una leprosería en una isla del Pacífico me sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagado, hubiera alguien que había conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que siempre decía "gracias" cuando le ofrecían algo.
     Entre tantos "cadáveres ambulantes", sólo aquel hombre se conservaba humano.


     Cuando pregunté qué era lo que mantenía a este pobre leproso tan unido a la vida, me dijeron que lo observara por las mañanas.


     Y vi que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería y se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba.


     Y allí esperaba...esperaba...hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos otro rostro, una bella mujer que se paraba al frente y le sonreía con una hermosa y amplia sonrisa.


     Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía él también. Luego la mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía ya alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar  a que, al día siguiente, regresara el rostro sonriente. Era su mujer.


    Cuando lo arrancaron de su pueblo y lo trasladaron a la leprosería, la mujer lo siguió, y se instaló a vivir en el pueblo más cercano a la leprosería. Y todos los días acudía para continuar expresándole su AMOR.


     "Al verla cada día -me dijo el enfermo- sé que todavía VIVO."


     Muchos viven gracias a tu sonrisa, a tus palabras, a tu esperanza, a las migas de cariño que les puedas dar. No bajes los brazos. No dejes de sonreír y de tratar bien a los demás.


     Mari Carmen.